“La ciencia de datos es la clave para generar el valor que escondan los datos capturados por el Big Data”

Entrevista a Juan Manuel López-Zafra y Ricardo Queralt, codirectores del Master in Data Science para Finanzas y del Programa Ejecutivo de Transformación Digital en CUNEF.

La transformación digital ha supuesto un cambio en todas las actividades de nuestro entorno, tanto a nivel profesional, como personal. Cada vez es más habitual escuchar hablar en nuestro día a día de la importancia y el valor que aportan los datos. El Big Data y el Data Science son términos que están en boca de todos. Ambos están asociados a grandes volúmenes de datos, pero no siempre queda clara la diferencia que hay entre estos dos términos, que, aunque relacionados, en realidad no son sinónimos. ¿Qué es el Data Science? ¿Qué hace un científico de datos? Juan Manuel López-Zafra y Ricardo Queralt, codirectores del Master in Data Science para Finanzas y del Programa Ejecutivo de Transformación Digital en CUNEF y autores del libro ‘Alquimia. ¿Cómo los datos se están transformando en oro?’, responden a las preguntas.

  • ¿Cuál es la diferencia entre el Big Data y la ciencia de Datos? 

El Big Data se preocupa de las infraestructuras, de las autopistas de las información, de los almacenes de los datos; es la tecnología fundamental en nuestro tiempo, sin ella no podríamos plantearnos analizar la información; y ahí es donde se encuentra la ciencia de datos, en la transformación de los datos que circulan por esas autopistas, que están depositados en esos almacenes, en información para generar conocimiento. La ciencia de datos es la clave para generar el valor que escondan los datos que ha capturado el Big Data.

  • ¿Qué hace un científico de datos?

Un científico de datos es un alquimista que ha logrado cumplir su sueño, sólo que en vez de trabajar con plomo para transformarlo en oro lo hace con datos para transformarlos en valor. La materia prima y las técnicas difieren, pero la idea es la misma: modificar la esencia de una materia prima para adoptar decisiones con el producto alcanzado, que en este caso es el conocimiento. Para ello, se aplica el método científico clásico, con las etapas de observación, preguntas, planteamiento de hipótesis, contraste de las mismas, conclusión y comunicación de resultados, con la posibilidad de reproducir toda la experimentación.

  • Decís en vuestro libro que en España nos falta “cultura del dato”. ¿España está atrasada respecto a otros países de la UE?

Como en casi todos los aspectos a los que nos enfrentemos, la respuesta es variable. A nivel global, de los gestores políticos, sin duda queda mucho camino por recorrer; las estrategias educativas brillan por su ausencia, no hay tampoco una estrategia concreta de inteligencia artificial; sin embargo, a otros niveles podemos estar medianamente satisfechos; muchas empresas de diversos tamaños y sectores son ejemplares en el uso de la ciencia de datos.

  • Según el Foro Económico Mundial el 65% de los niños de hoy en día trabajará en puestos de trabajo que no existen. Qué es más importante para un niño de 10 años, ¿saber hablar inglés o saber programar?

Conocer un lenguaje distintos del materno es fundamental para el desarrollo futuro de los niños. Y, desde esa perspectiva, no podemos descartar una opción por la otra. Hablar inglés es fundamental para comunicación verbal, hablar Python, R, Java o SQL es fundamental para comunicarnos con las máquinas, que serán interlocutores tan importantes como los humanos en un futuro muy próximo.

  • La UE demanda casi un millón de perfiles digitales, pero no existe la cualificación necesaria para cubrirlos. Según asegura la OCDE, los jóvenes españoles de menos de 29 años están por debajo de la media en habilidades informáticas y paradójicamente España es uno de los países de la UE con mayor tasa de penetración de smartphones. Este interés por la tecnología, ¿no trasciende a la formación?

Son dos niveles distintos, el de doer y el de thinker. Somos muy potentes como doers, aceptamos rápidamente el progreso tecnológico, pero tenemos un gran retraso como thinkers. Y el valor añadido está en el planteamiento, no en el uso. Si no formamos a nuestros jóvenes en la creación de tecnología, en la gestión de los datos, seremos un magnífico campo de pruebas para los desarrolladores.

  • En los últimos años, los datos se han convertido en un activo estratégico para las compañías. ¿Cuáles son las ventajas competitivas que obtiene las empresas analizando los datos?

Fundamentalmente conocimiento. Hasta ahora, las empresas han basado su gestión en modelos que eran poco intensivos en datos objetivos; no por falta de voluntad, sino por incapacidad de mediar. Hoy, sin embargo, todo es medible. Desde que alguien entra en una web tenemos la posibilidad de medirlo todo: desde dónde se está conectando, tiempo de estancia, veces que hacen click el usuario, dónde hace click, tiempo que tarda en cerrar una transacción, veces que repite… Si no tenemos web, podemos rastrear dónde se encuentra, cómo se mueve, siempre de forma legal a partir del rastro digital que libremente deja. Esa es la mina del oro, la de los datos; ahí es donde el científico de datos debe aplicar todo lo que sabe para generar valor para su empresa, para extraer conocimiento, para que el cliente se siente muy cómodo y que esa comodidad se transforme en usos recurrentes de nuestra plataforma. El cliente manda ahora más que nunca.

  • ¿Cómo pueden las organizaciones monetizar los datos, valorarlos y gestionarlos como un activo empresarial?

Un dato desagregado, en sí, no es nada; es de su agregación con otros de donde surgirá la veta que debe explotar el científico de datos, y con él su organización. Si conocemos cómo afecta la movilidad de los conductores a los accidentes, una empresa de seguros de coches podrá ofrecer tarifas especiales a los conductores que muestren un patrón de comportamiento saludable, el asociado a menos accidentes; eso tiene una ventaja para las dos partes: para la compañía de seguros, que podrá seleccionar mejor a sus conductores, aplicar tarifas más ajustadas y reducir los costes asociados a los accidentes; y para el cliente, el asegurado, que sentirá que la compañía le está aplicando una tarifa mucho más ajustada a su riesgo real, medido de forma objetiva, no agregándole con otros sólo por su edad, su experiencia al volante (medida en años de carné) y su sexo.

  • Según Christine Lagarde, los datos son el nuevo oro. ¿Qué conseguimos los usuarios cuando proporcionamos datos a través de descargas de apps en nuestros móviles?

Conseguimos varias cosas. Por un lado, satisfacción al emplear una app que se ajusta a lo que pedimos; esto es innegable, si no, la desintalaríamos rápidamente; en segundo lugar, la posibilidad de obtener productos y servicios más ajustados a nuestras necesidades. Cuando indicamos a nuestro smartphone, en la app de mapas, dónde queremos ir, le estamos regalando nuestra posición junto con la de miles de usuarios, para que, de este modo, la app nos recomiende un trayecto en virtud de la intensidad de tráfico, por ejemplo. Así, ganamos calidad de vida.

  • La era digital presenta nuevas oportunidades para las compañías, pero para los usuarios existen ciertos riesgos. ¿Cuáles son estos riesgos?

Los riesgos son múltiples, qué duda cabe. Por un lado, los asociados al mal uso de los datos por parte de las empresas que los gestionan; la falta de ética es un problema que las leyes tratan de acotar, y, en ese sentido, el RGPD de la UE es el más garantista con el usuario de todos los existentes. Por otro, tenemos las brechas de seguridad, los leaks, los ataques de ciberdelincuentes a los repositorios de datos delas compañías para obtener datos sin permiso. Este tipo de riesgos son los que más están creciendo, y casos como el de Yahoo! nos deben poner bajo alerta, siempre.

  • En el ámbito regulatorio, ¿la era digital requiere nuevas reglas de juego?

Por supuesto; no podemos trabajar en la era digital con reglas de la era analógica. ¿Qué sentido tiene el voto rogado de los españoles residentes en el extranjero, un procedimiento muy costoso y frustrante (muchos residentes en el extranjero no acaban recibiendo sus papeletas, y no pueden, por tanto, ejercer su derecho a voto), cuando el DNI electrónico identifica unívocamente a cada ciudadano español? Es fundamental que las administraciones agilicen la transición a la era del dato, con ellas muchas empresas se verán impulsadas a modificar esas relaciones.

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