Consejos para un periodo de estudios fructífero

Tres consejos que puedan hacer de vuestro tiempo de estudio algo fructífero y eficiente: el lugar, la sesión de estudio y otro hábitos más allá del estudio.

Desde la universidad pretendemos empatizar con todos vosotros en un período que no es especialmente conocido por el tiempo dedicado al ocio pero sí al estudio (y a la procrastinación en muchos de los casos). Es por ello que, de forma breve y a lo largo de estas líneas, se pretenden aportar algunos consejos que puedan hacer de vuestro tiempo de estudio algo fructífero y eficiente. Por desgracia, no existen fórmulas mágicas que nos permitan memorizar gigantescas cantidades de datos en un tiempo record, pero sí se puede optimizar el tiempo dedicado para obtener unos resultados satisfactorios.

  1. Lugar de estudio:

  No todos contamos con un espacio exclusivamente dedicado al estudio. La mayoría disponemos de una habitación donde se duerme y se estudia. La situación ideal sería la primera: acotar los espacios nos permite dedicarnos de forma plena a cada una de las funciones. No obstante, estas recomendaciones pueden ser de utilidad para que nos sintamos cómodos y no entremezclemos el estudio con otros aspectos como el sueño o incluso la alimentación.

La silla que utilicemos ha de ser cómoda, rígida y sin almohadones en el asiento. La mesa ha de estar despejada, por lo que conviene dedicar al orden 5 minutos (no mucho más para no caer en la tentación de quedarnos en el paso del orden y dirigirnos acto seguido a la cocina para ver qué ha aparecido de forma espontánea en la nevera). Estos minutos previos de organización pueden servirnos a modo de ritual para anticipar los momentos de estudio que están por venir a continuación.

En el mejor de los casos, se recomienda estudiar con luz natural: los ritmos circadianos (sueño y vigilia) se regulan en función de esta. Sin embargo, en caso de no ser posible, conviene utilizar una luz de calidad y no aquella que de costumbre cumple una función decorativa. La luz debe colocarse en el lado contrario al de nuestra mano dominante. Es decir, si somos diestros, colocaremos la luz a la izquierda (y viceversa).

Todos somos conocedores de aquellas “idas y venidas” a la cocina o al baño. Para ello, sería apropiado ir al baño antes de sentarse en la mesa y traer de la cocina aquello que podamos necesitar: una botella de agua fría y algo de comer. Así acostumbraremos al cuerpo a “aguantar” cuando nos estemos dedicando al estudio.

Vivimos en la época de la tecnología. Eso es innegable. Por ello, también parece adecuado limitar los tiempos dedicados a mirar el móvil o a indagar qué tal va nuestro/a compañero/a en tal o tal examen. Para ello, existen dos opciones: si somos absolutamente incapaces de estar sin mirar el móvil para comprobar si nos contestan, es mejor dejarlo con sonido y hacia arriba (todos conocemos a alguien que pretende luchar contra sus impulsos dejándolo boca abajo y en silencio). En caso de vernos capaces de prescindir del móvil por un tiempo limitado, es mejor que lo alejemos de nosotros en la medida de lo posible, dejándolo en otra habitación, por ejemplo. En este sentido, también conviene comentar que es mejor estudiar en un soporte físico (diapositivas impresas, cuaderno, etc.) que en un soporte digital. De este modo evitaremos la tentación de actualizar cada X segundos la página de Instagram o Facebook.

2. La sesión de estudio:

Muchos nos proponemos objetivos imposibles cuando vemos que se acerca la fecha del examen y no hemos hecho gran cosa por no acumular hasta el final. Esto se llama el Síndrome del Estudiante, que consiste en hacer la mayor parte del trabajo cuando se aproxima la fecha final. Como imaginamos que algunos ya os encontráis en esta situación, se enumeran algunas recomendaciones que pueden seros de utilidad.

Las sesiones de estudio deberían durar 50 minutos intercaladas con 10 minutos de descanso. Para que esos 50 minutos sean fructíferos y no desemboquen en la desesperación más absoluta (“Para qué me sirve esto”, “Quién me manda meterme aquí”, “Con lo bien que estaría en X”), tendremos que repartirlos de la siguiente manera:

  • Dedicaremos los primeros 10 minutos a realizar una tarea de baja dificultad.
  • Los siguientes 30 minutos los dedicaremos a realizar una tarea de mayor dificultad.
  • Los últimos 10 minutos los centraremos de nuevo en una tarea de baja dificultad.

Empezar con una tarea sencilla nos permitirá generar un sentimiento de autoeficacia frente a la tarea más complicada que sigue a continuación. De nada sirve comenzar el estudio diciéndonos a nosotros mismos lo poco que sabemos o lo mal que hicimos dejando esto de lado. Esto se verá reflejado en la tarea de mayor dificultad, donde ya tendremos el ritmo y un “buen sabor de boca” gracias al éxito en la tarea previa.

Imaginamos que muchos os levantaréis los días previos a los exámenes haciendo cálculos como “Tengo 10 horas por delante”, “En 14 horas me lo aprendo de sobra”. Ese optimismo os dignifica, pero no ayuda en absoluto. Encadenar horas de estudio lleva al agotamiento y al aburrimiento. Por ello aconsejamos aplicar el consejo anterior, anticipando para no culparos que la tercera o cuarta sesión será mucho más fructífera que la séptima u octava.

En aquellas asignaturas donde se requiera leer grandes cantidades de un texto, podemos tender a utilizar los famosos resúmenes que tan bien nos hacen sentir hasta que se nos echa el tiempo encima y acechan la desesperación y el “Tendría que haber empezado a resumir antes”. Al final acabamos con medio temario resumido y medio temario subrayado. Para ello, es mejor resumir párrafo a párrafo (no frase a frase), siempre con nuestras palabras (salvo los tecnicismos, por supuesto) pero con el contenido original a mano para no caer en el error y resumir algo que poco tiene que ver con el texto. En este sentido, los contenidos aprendidos de manera constructiva se retienen mejor que los contenidos aprendidos de forma asociativa. Es decir, es mejor comprender que acumular datos (en este segundo caso, puede ocurrir que nos olvidemos de un contenido intermedio y olvidemos el resto). Para ello es siempre conveniente, una vez aprendido lo que queríamos, aplicarlo a una situación del día a día que nos sea familiar o tratar de relatarlo como si se lo contáramos a alguien que no tiene ni idea de lo que hablamos. Formularnos preguntas a nosotros mismos también beneficia el aprendizaje.

Por último, estudiar con música puede resultar entretenido e incluso atractivo. Sin embargo, muchas veces puede distraernos cuando enganchamos con una canción que nos gusta. Es recomendable por tanto estudiar con música solamente el tiempo que tardamos en coger el ritmo (aquellos famosos 10 minutos iniciales) y a poder ser sin letra.

3.  Hábitos más allá del estudio:

El estrés es el acompañante más leal en épocas de exámenes, pues no suele abandonarnos hasta haber terminado. Cuando veamos que esto ocurre (ej: las preocupaciones nos inundan, tardamos en dormirnos o nos despertamos en medio de la noche, tenemos más o menos apetito del habitual, etc.) podemos tratar de aplicar los siguientes consejos.

Intentar establecer una rutina en la medida de la posible. Esto significa que nos levantaremos a la misma hora y nos acostaremos a la misma hora. También intentaremos desayunar, comer y cenar a las mismas horas.

En caso de tener problemas para conciliar el sueño, probaremos a aplicar el siguiente “protocolo”: nos ducharemos antes de meternos en la cama, con el agua lo más caliente que podamos soportar. Acto seguido, nos meteremos en la cama y practicaremos ejercicios de respiración abdominal. Consisten en respirar hinchando la parte baja del abdomen (no la parte superior del torso). Para entenderlo mejor, esta es la manera en que respiramos cuando dormimos. A cada inspiración, imaginaremos que nos inunda un color desde la parte superior del cuerpo (cabeza, hombros, brazos y manos) hasta la parte inferior del tronco (torso, vientre, abdomen). Al espirar, este color “saldrá” de nuestro cuerpo. Cambiaremos de color a cada ciclo. Esto permite relajar el organismo mediante la respiración y apartar de la mente pensamientos intrusivos centrándonos en el color. Este ejercicio puede ser útil también antes de entrar en un examen o de una presentación oral. En resumen, siempre que los nervios nos desborden.

En cuanto a las horas de sueño, es importante no olvidar que es en el sueño reparador cuando los contenidos se procesan y pasan a formar parte de algo más estable llamado memoria a largo plazo. Por esto mismo, los repasos antes de entrar en el aula no son de gran utilidad, pues solo se quedan en lo que llamaríamos la memoria de trabajo, cuya capacidad no suele exceder los 7 “datos”, siendo así más probable que olvidemos lo recién aprendido con nuestro/a compañero/a de batalla. Por todo esto, a veces resulta más beneficioso desde el punto de vista del aprendizaje priorizar el sueño al estudio. En resumen, es mejor dormir bien que intentar aprenderlo todo e ir sin descanso alguno al examen.

Os enviamos muchísimo ánimo para lo que está por venir y esperamos que estos pequeños consejos os sean de utilidad para afrontar la “aventura” que os deparan estas semanas.

¡A por todas!

Artículo escrito por Álvaro Narvaiza Yturriaga, psicólogo de CUNEF

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